No hace falta que llegaran los primeros fríos del invierno para decirle adiós a la temporada de baño de forma definitiva. Ya a finales de septiembre muchos de nosotros ya no nos apetecía darnos un chapuzón y mirábamos la piscina de reojo cada vez que pasábamos por su lado. Pero es encontrar el agua más fría de lo habitual para que nos despidamos hasta el verano siguiente.
Os aseguro que la sensación no sería la misma si el agua estuviera a veintiséis grados, por ejemplo. Aun así, habría alguien que pensaría que ni con esas se bañaba, pero os digo que quien lo ha probado, repite.
Instalando una bomba de calor en la piscina nos permite ajustar la temperatura del agua a nuestra voluntad, ya sea en piscinas cubiertas como al aire libre. De esta manera, en primavera podemos adelantar la época del baño a los meses de abril o mayo; y en otoño, alargarla hasta los meses de octubre o noviembre.
Una razón más para instalar este sistema de calefacción es que hay piscinas en las que, por la zona geográfica en que se encuentran o porque se han instalado en una zona de penumbra donde no da el sol, en verano el agua está más fría de lo habitual, por lo que el baño se limita a unas pocas horas al día.
Realmente, hacer una piscina requiere una gran inversión para solo utilizarla unas horas al día o a lo sumo, dos o tres meses al año.
La instalación de una bomba de calor es la forma más eficiente de climatizar el agua de la piscina, ya que el 80% de la potencia que aporta lo obtiene del aire.
Su instalación no requiere de grandes obras. Ésta se suele instalar en el retorno de la piscina, antes de los impulsores, y su funcionamiento es simple. El agua se impulsa por la propia bomba de la piscina hacia el calefactor, éste la calienta y la expulsa de vuelta a la temperatura marcada.
Si optamos por este sistema de calefacción, se aconseja usar una manta térmica en los momentos en los que no se use la piscina, ya que de esta manera no tendremos tanta pérdida de calor y por tanto se ahorra en consumo.
Deja tu comentario